Nº de páginas: 448 págs.
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
Editorial: PLANETA
ISBN: 9788408112297
Tras la muerte de su mujer Kaiet decide regresar, junto a su pequeño hijo, a la casa de su padre en Bermeo, después de diecisiete años de ausencia. Desde el primer instante se siente extraño, en un lugar al que ya no pertenece. Pero si su futuro se le presenta oscuro, retomar el pasado que dejó a medias tampoco le será fácil. Deberá resolver todo lo que quedó pendiente con su precipitada marcha, explicar muchos de sus actos, enfrentarse a sus dudas, sus temores y sus prejuicios… y perdonar. Aunque lo que no imagina es que durante ese proceso se reencontrará con la dulce Maddi y que junto a ella la vida tratará de darle una segunda oportunidad. ¿La dejará escapar de nuevo?
Por fin puedo decir que estoy al día con las novelas de Ángeles Ibirika (¡o así habría sido si no hubiese publicado a principios de este mes Un refugio en Katmandú!). Tenía unas expectativas estratosféricas puestas en ella ya que muchos la comparaban con la primera obra suya que conocimos y que a día de hoy es mi favorita, Entre sueños, y aunque me ha parecido una historia preciosa no ha conseguido removerme por dentro como lo consiguió aquélla.
En Días de lluvia Kaiet vuelve con su hijo y su perro Pintxo a la casa donde se crió en Bermeo tras salir de allí diecisiete años antes y haber prometido no volver jamás. Pero como sabemos, la vida da muchas vueltas... y con el fallecimiento de su mujer y tras varios meses intentando huir de los recuerdos mudándose con su hijo de una ciudad a otra, finalmente arriban a la casa familiar donde siguen residiendo su padre y su hermana.
Una de las cosas que me maravillan en los protagonistas masculinos de Ángeles es que tienen una personalidad muy definida y no pueden ser más diferentes unos de otros. Así, Jon (Entre sueños), Mikel (Antes y después de odiarte), Ian (Donde siempre es otoño) y Kaiet se parecen como un huevo a una castaña y sin embargo, gracias a la escritura de Ángeles, consigues identificarte y conectar con ellos en un momento determinado de la historia y a partir de ahí es imposible no sufrir con aquéllo que les ocurra.
Kaiet resulta un personaje muy complejo, lleno de remordimientos y de culpa que vuelve a un pueblo donde ya no se siente conectado a nadie ni a nada. Esa incomodidad se refleja muy bien en la primera parte de la novela y sólo se verá aliviada con la compañía de su hermana Amara y de Maddi.
Al mismo tiempo, prácticamente no se habla con su padre desde que ocurrió el suceso que fue el motivo de su marcha, mucho tiempo atrás. El motivo de ese enfrentamiento se nos desvelará bien avanzada la novela y tengo que decir que aunque entiendo la postura de Kaiet, su frustración, su indignación y su pena (yo creo que todos hubiésemos sentido algo parecido), no he llegado a empatizar con ese resentimiento tan grande y tan inmune al perdón que tiene hacia su padre después de tantos años, sobre todo después de los meses de convivencia que pasan en Bermeo. Confieso que ésa es una de las cosas por las que su personaje, a pesar de todos los matices tan trabajados que tiene, no ha llegado a calarme tan hondo como otros.
Por otro lado tenemos también a Maddi, la hermana del mejor amigo de Kaiet y enamorada de él desde prácticamente siempre, que se prometió olvidarlo cuando abandonó Bermeo y que ahora que lo creía superado encuentra su mundo de nuevo patas arriba cuando Kaiet regresa a casa. A pesar de tener ese punto tan borde y arisco con él desde su vuelta, poco a poco iremos viendo que es una manera que tiene de protegerse para emocionalmente mantener las distancias con él y evitar que regresen esos sentimientos que creía enterrados. Me ha resultado muy interesante su capacidad de superación, su fuerza y su valentía para ser consecuente con lo que siente.
La historia de amor está narrada con mucho sentimiento, con el estilo y la sensibilidad tan característicos de la autora. A pesar de que ya he comentado que algunas cosillas de Kaiet no me convencieron del todo, me gustó mucho cómo su personaje evoluciona a lo largo de la novela y tiene la capacidad de reconocer los errores cometidos y el valor necesario para enmendarlos.
Otro personaje memorable resulta el hijo de Kaiet, Iker. Me ha parecido muy bonita la relación que establece con su abuelo y al mismo tiempo resulta entrañable ver para Gabino lo que significa poder compartir vivencias con su nieto cuando ya daba esa oportunidad por perdida.
Y esta novela tampoco sería lo mismo sin Bermeo. La ambientación en las novelas de Ángeles Ibirika tiene siempre una importancia destacada y ésta no es la excepción. Te transmite de tal modo el amor por sus gentes, su modo de vida y aquellos lugares que lo hacen especial que acabas la novela buscando fecha para ir a visitarlo.
Una novela muy recomendable, bien narrada y que destila sentimiento en cada página.
Una de las cosas que me maravillan en los protagonistas masculinos de Ángeles es que tienen una personalidad muy definida y no pueden ser más diferentes unos de otros. Así, Jon (Entre sueños), Mikel (Antes y después de odiarte), Ian (Donde siempre es otoño) y Kaiet se parecen como un huevo a una castaña y sin embargo, gracias a la escritura de Ángeles, consigues identificarte y conectar con ellos en un momento determinado de la historia y a partir de ahí es imposible no sufrir con aquéllo que les ocurra.
Kaiet resulta un personaje muy complejo, lleno de remordimientos y de culpa que vuelve a un pueblo donde ya no se siente conectado a nadie ni a nada. Esa incomodidad se refleja muy bien en la primera parte de la novela y sólo se verá aliviada con la compañía de su hermana Amara y de Maddi.
Al mismo tiempo, prácticamente no se habla con su padre desde que ocurrió el suceso que fue el motivo de su marcha, mucho tiempo atrás. El motivo de ese enfrentamiento se nos desvelará bien avanzada la novela y tengo que decir que aunque entiendo la postura de Kaiet, su frustración, su indignación y su pena (yo creo que todos hubiésemos sentido algo parecido), no he llegado a empatizar con ese resentimiento tan grande y tan inmune al perdón que tiene hacia su padre después de tantos años, sobre todo después de los meses de convivencia que pasan en Bermeo. Confieso que ésa es una de las cosas por las que su personaje, a pesar de todos los matices tan trabajados que tiene, no ha llegado a calarme tan hondo como otros.
Por otro lado tenemos también a Maddi, la hermana del mejor amigo de Kaiet y enamorada de él desde prácticamente siempre, que se prometió olvidarlo cuando abandonó Bermeo y que ahora que lo creía superado encuentra su mundo de nuevo patas arriba cuando Kaiet regresa a casa. A pesar de tener ese punto tan borde y arisco con él desde su vuelta, poco a poco iremos viendo que es una manera que tiene de protegerse para emocionalmente mantener las distancias con él y evitar que regresen esos sentimientos que creía enterrados. Me ha resultado muy interesante su capacidad de superación, su fuerza y su valentía para ser consecuente con lo que siente.
La historia de amor está narrada con mucho sentimiento, con el estilo y la sensibilidad tan característicos de la autora. A pesar de que ya he comentado que algunas cosillas de Kaiet no me convencieron del todo, me gustó mucho cómo su personaje evoluciona a lo largo de la novela y tiene la capacidad de reconocer los errores cometidos y el valor necesario para enmendarlos.
Otro personaje memorable resulta el hijo de Kaiet, Iker. Me ha parecido muy bonita la relación que establece con su abuelo y al mismo tiempo resulta entrañable ver para Gabino lo que significa poder compartir vivencias con su nieto cuando ya daba esa oportunidad por perdida.
Y esta novela tampoco sería lo mismo sin Bermeo. La ambientación en las novelas de Ángeles Ibirika tiene siempre una importancia destacada y ésta no es la excepción. Te transmite de tal modo el amor por sus gentes, su modo de vida y aquellos lugares que lo hacen especial que acabas la novela buscando fecha para ir a visitarlo.
Una novela muy recomendable, bien narrada y que destila sentimiento en cada página.
| Puntuación: 4/5 |



