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domingo, 22 de mayo de 2016

"Los puentes de Madison County", de Robert James Waller

A veces las circunstancias en las que lees una novela son el todo y consiguen que una lectura consiga removerte por dentro de una manera especial. Esto es lo que me pasó con Los puentes de Madison County y me va a costar mucho trabajo no decir en cada párrafo de esta reseña ¡leedla, leedla! 


Algunas canciones llegan del pasto con flores azules, libres del polvo de mil caminos de campo. Esta es una de ellas.

Habréis observado que el blog lleva unas semanas en stand-by, no ha sido algo premeditado tenerlo tanto tiempo así pero el ritmo que llevo últimamente en el trabajo no me da para más. Tampoco he podido leer mucho, aún así tenía un número aceptable de lecturas pendientes de reseñar y andaba estos días barajando cuál sería la primera con la que retomar el blog. Y esta historia, que ni mucho menos es de las más recientes que he tenido (la leí hace ya varios meses), no dejaba de cruzárseme cada vez que me sentaba al teclado por lo que supe que tenía que ser ella la elegida para volver de este pequeño retiro involuntario.

Los que me conocéis un poquito más (no suelo contar muchos detalles personales en el blog, a estas alturas debéis de pensar que soy un bot) quizá sepáis que hace unos años me mudé por trabajo y tuve que dejar la ciudad en la que había vivido hasta ese momento. La suerte que tuve es que mi nuevo destino no estaba demasiado lejos y siempre que puedo intento volver a mis raíces. En una de ésas estaba, haciendo el viaje de regreso en autobús después de pasar unos días en casa mientras atardecía y con un buen rato de lectura por delante cuando me topé con esta novela. La tenía rondando en el lector desde hacía muchísimo tiempo, acaba de finalizar otra historia y tenía un amplio abanico de posibilidades a la hora de escoger mi siguiente lecura. Por alguna razón acabé decantándome por ésta. Será intuición o corazonada, pero el caso es que siempre he pensado que cada novela tiene un momento perfecto para ser leída, aquel que consigue que conectes con ella como quizá no lo hubieses logrado en otra ocasión.
Así llegué a la historia de Robert y Francesca, con ese pellisquito de nostalgia que siempre me acompaña cuando hago ese mismo viaje de autobús que ya me sé de memoria, con una luz diminuta encima de mi asiento mientras a mi alrededor anochecía e iba entrando en una pequeña burbuja donde sólo estaba esa historia tan maravillosa y yo. Y aunque no me suele pasar a menudo, en esta ocasión terminé el viaje (y casi la novela, pues se lee en una sentada) mientras una lagrimilla silenciosa corría por mi mejilla y... ¿sabéis? Fue liberador.

Robert y Francesca se conocen cuando el primero, un fotógrafo itinerante que está haciendo un reportaje sobre los puentes de Madison County para National Geographic, tiene dificultades para localizar Roseman Bridge y solicita indicaciones en una granja que encuentra de camino. Quieren las circunstancias de estas dos personas destinadas a conocerse que allí viva Francesca, la cual se encuentra unos días sola en casa mientras su marido y sus dos hijos están de viaje en la feria del estado. Francesca sentirá inmediatamente una conexión con aquel desconocido en el que descubrirá inquietudes intelectuales muy similares a las suyas y una pasión en su interior por el amor y la vida que tenía olvidada.


Si quieres cenar otra vez 'cuando las mariposas nocturnas estén en vuelo' , ven esta noche cuando termines. A la hora que desees.


Cuatro días, cuatro, son necesarios para que se forje una historia de amor que duraría todo una vida. Robert es un espíritu libre, un alma bohemia que ama por encima de todo una profesión que le lleva a viajar por todo el mundo. Francesca, por su parte, es una mujer inteligente, que se casó sin estar enamorada, dejando atrás su Nápoles natal para seguir a su marido hasta una granja de Iowa y sintiendo con el paso de los años que todas sus aspiraciones y sueños se han quedado en nada. En muchas ocasiones he encontrado en las novelas que un matrimonio sin amor es la manera que tienen los autores para en cierto modo justificar el adulterio de uno de los conyúges (que suele ser el/la protagonista) y que así alcancemos mayor grado de empatía. Aunque a veces es obvio que es un recurso "fácil", en este caso se consigue que sea lo suficientemente creíble y es que la relación de Robert y Francesca se aborda con tanto mimo y la ves tan sincera, pura y desinteresada que es inneagable para todo el que lo lea que están cada uno ante el amor de su vida. El interrogante sobre los caminos que tomarán ambos cuando finalicen estos cuatro días (y la familia de Francesca vuelva a casa) planea durante toda la novela, aunque el autor logra con facilidad que el lector se abstraiga y se limite a disfrutar de ese efímero período de tiempo donde son libres para amarse sin reservas.



Los dos nos hemos perdido a nosotros mismos y hemos creado otra cosa, algo que sólo existe como la unión entre los dos. Dios mío, estamos enamorados. De la manera más profunda que es posible enamorarse.

No quiero contar más detalles porque merece la pena que los descubráis por vosotros mismos. La novela está narrada en tercer persona y alterna partes desde el punto de vista de uno y otro, lo que enriquece mucho la obra. Además, el autor introduce un prólogo y un epílogo y nos cuenta cómo llegó a sus manos esta historia y cómo se convenció de que tenía que ponerla por escrito. Desconozco lo que hay de verdad en lo que Robert James Waller nos cuenta, pero como recurso narrativo el hecho de que te plantee la historia como real te encoge el corazón un poquito más si cabe.

Tengo pendiente la película que se hizo posteriormente como adaptación (es la que todo el mundo suele conocer, más que la novela), llevada al cine por Clint Eastwood e interpretada por él mismo y Meryl Streep. Por lo que he leído, es una de esas raras ocasiones en las que la película está al mismo nivel que la novela. Si ésta ha logrado emocionarme tanto, no puedo esperar a ver la adaptación en pantalla. No os las perdáis y si tenéis referencia de alguna de ellas, decídmelo en los comentarios ;).

(...) Se abrazaron largo rato. Y él le susurró: - Sólo tengo una cosa que decir, una sola: (...): en un universo de ambigüedad esta certeza viene una sola vez, y nunca más, no importa cuántas vidas le toque a uno vivir.